En qué invertir y cómo gestionar tus inversiones

En pocas palabras

Ya has decidido que quieres empezar a invertir y aparece una nueva pregunta: ¿en qué puedo invertir?

Acciones, fondos, fondos indexados, ETF, renta fija, renta variable... Cuando empiezas a buscar información es fácil encontrarte con un montón de opciones y términos nuevos y no saber muy bien qué significa cada cosa ni qué diferencias hay entre ellas.

Y después aparece otra duda: ¿tengo que elegir y gestionar yo mismo todas esas inversiones?

Este artículo intenta poner orden en esas preguntas. Primero veremos, de forma sencilla, algunas de las opciones que encontrarás cuando empieces a invertir. Después veremos qué significa gestionar una cartera y qué puedes hacer tú mismo o delegar.

No se trata de decirte dónde tienes que invertir ni de construir una cartera para ti. La idea es que entiendas las opciones básicas y qué implica gestionarlas para que después puedas seguir investigando y decidir con más información.

Puedes leerlo de principio a fin o utilizar el índice para ir directamente a la pregunta que te interesa. 

 

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En qué puedo invertir

¿En qué puedo invertir si estoy empezando?
¿Qué diferencia hay entre invertir en acciones y hacerlo a través de un fondo?
¿Qué es un fondo indexado y cómo funciona?
¿Un fondo indexado y un ETF son lo mismo?
¿Por qué se habla tanto de fondos indexados para invertir a largo plazo?
¿Tener varios fondos significa estar más diversificado?
¿Necesito elegir entre renta fija y renta variable?

Quién gestiona mis inversiones

¿Tengo que gestionar yo mismo mis inversiones?
¿Tengo que elegir yo los fondos?
¿Tengo que decidir cuánto invertir en cada fondo?
¿Tengo que rebalancear mi cartera?
¿Puedo gestionar mis inversiones por mi cuenta?
¿Qué pasa si no quiero estar pendiente de mis inversiones?
¿Puedo invertir sin tener que elegir y gestionar yo las inversiones?

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¿En qué puedo invertir si estoy empezando?

Si estás empezando, lo primero que conviene saber es que invertir no significa únicamente comprar acciones en bolsa.

Existen muchas formas de invertir: acciones, fondos de inversión, renta fija y otros productos. Cada uno funciona de una manera distinta y, sobre todo, no todos tienen el mismo nivel de riesgo.

Por ejemplo:

  • puedes comprar acciones y convertirte en propietario de una pequeña parte de una empresa;
  • puedes invertir en un fondo, donde tu dinero se junta con el de otros inversores y se invierte en diferentes activos;
  • puedes invertir en renta fija, prestando dinero a una empresa o a una administración a cambio de unas condiciones determinadas.

Y dentro de cada grupo hay muchas posibilidades.

Piensa en un supermercado. Preguntar «¿en qué puedo invertir?» sería parecido a preguntar «¿qué puedo comprar para comer?». Hay muchas opciones y no tendría sentido elegir una simplemente porque sea la primera que has visto.

Lo importante al principio no es conocerlas todas, sino entender una idea: hay distintas maneras de invertir y puedes asumir distintos niveles de riesgo.

Por eso tampoco debes pensar que empezar a invertir significa necesariamente elegir una inversión muy agresiva. Hay inversiones y carteras más conservadoras y otras que pueden tener mayores subidas y bajadas.

Y hay otra cosa importante: tampoco tienes que hacerlo necesariamente todo por tu cuenta. Puedes elegir y gestionar tú mismo tus inversiones o delegar parte de ese trabajo en un servicio de gestión.

Si todavía te preocupa cuánto dinero puedes perder o qué riesgo puedes asumir, puedes ampliar esta parte en Antes de invertir: ahorros, cuánto invertir y riesgo.

Y si lo que te preocupa es tener que elegir y gestionar tú solo entre todas estas opciones, en Cómo funciona un roboadvisor explico de forma sencilla una de las formas de delegar esa gestión.

Fuente oficial: CNMV — A la hora de contratar un producto de inversión.

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¿Qué diferencia hay entre invertir en acciones y hacerlo a través de un fondo?

La diferencia más sencilla es esta: cuando compras una acción inviertes directamente en una empresa; cuando inviertes en un fondo compras una participación de una cartera que puede contener muchas inversiones diferentes.

Por ejemplo, imagina que tienes 1.000 €.

Podrías invertir esos 1.000 € en acciones de una sola empresa. Si esa empresa va muy bien, tu inversión puede beneficiarse. Pero si va muy mal, también estás muy expuesto a lo que le ocurra a esa empresa.

En cambio, un fondo reúne el dinero de muchos inversores y una gestora lo invierte conjuntamente siguiendo una política de inversión determinada. Puede contener acciones de muchas empresas, renta fija u otros activos.

Simplificando mucho:

Una acción → inviertes directamente en una empresa.
Un fondo → inviertes a través de una cesta que puede contener muchas inversiones.

Eso no significa que un fondo no pueda perder dinero. También puede hacerlo. El riesgo dependerá, entre otras cosas, de aquello en lo que invierta.

Una de las ventajas de repartir la inversión entre distintos activos es la diversificación: no depender exclusivamente de lo que ocurra con una única inversión.

Si términos como acción, renta fija, renta variable o diversificación todavía te suenan a chino, puedes consultar Conceptos básicos de inversión. No necesitas aprendértelos de memoria para continuar.

Fuente oficial: CNMV — Fondos de inversión.

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¿Qué es un fondo indexado y cómo funciona?

Un fondo indexado es un fondo de inversión que intenta seguir el comportamiento de un índice en lugar de intentar decidir continuamente qué inversiones van a hacerlo mejor.

Un índice es, simplificando mucho, una referencia que representa un determinado conjunto de activos.

Imagina una lista formada por muchas empresas y unas reglas que determinan qué peso tiene cada una. Un fondo que siga ese índice intentará construir su cartera para que su comportamiento sea parecido al de esa lista.

Por eso hablamos de gestión pasiva.

Una forma muy sencilla de verlo sería:

Gestión activa: alguien toma decisiones sobre qué comprar o vender intentando obtener un determinado resultado.

Gestión pasiva: se intenta reproducir la evolución de un índice de referencia.

Otra característica habitual de los fondos indexados es que sus costes suelen ser más bajos que los de muchos fondos de gestión activa. Pero eso no significa que todos los fondos indexados sean baratos ni que todos cobren lo mismo.

Antes de invertir conviene comprobar las comisiones y gastos concretos del fondo. Parece un detalle pequeño, pero no lo es: los costes reducen la rentabilidad que finalmente obtiene el inversor.

Y recuerda algo importante: que un fondo sea indexado no significa que siempre gane dinero ni que tenga poco riesgo. Si el mercado o el índice que sigue baja, el fondo también puede bajar. Además, dos fondos indexados pueden tener riesgos muy diferentes dependiendo de aquello en lo que inviertan.

Si quieres entender mejor qué significan palabras como índice o gestión pasiva, puedes consultarlas en Conceptos básicos de inversión.

Fuentes oficiales: CNMV — Glosario financiero · CNMV — Comisiones de los fondos de inversión.

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¿Un fondo indexado y un ETF son lo mismo?

No exactamente. Pueden parecerse mucho porque ambos pueden utilizarse para seguir un índice, pero no funcionan de la misma manera.

Un fondo indexado es un fondo de inversión gestionado de forma pasiva para intentar reproducir el comportamiento de un índice.

Un ETF también es un fondo, pero tiene una característica importante: cotiza en bolsa y puede comprarse y venderse durante la sesión de una forma parecida a una acción.

Un ejemplo sencillo: imagina dos vehículos que intentan seguir el mismo recorrido. Pueden dirigirse al mismo destino, pero la forma de subir, bajar y utilizarlos no tiene por qué ser la misma.

Algo parecido ocurre aquí.

Por eso, para empezar basta con quedarse con una idea:

fondo indexado y ETF no son sinónimos, aunque ambos puedan utilizar estrategias indexadas.

Y tampoco necesitas decidir ahora cuál de los dos es «mejor». Son vehículos diferentes y pueden tener diferencias de funcionamiento, costes y fiscalidad que conviene conocer antes de elegir entre ellos.

Fuente oficial: CNMV — Fondos y otros vehículos de inversión.

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¿Por qué se habla tanto de fondos indexados para invertir a largo plazo?

Porque permiten invertir siguiendo un mercado o un índice sin tener que intentar decidir continuamente qué empresas van a hacerlo mejor o cuándo hay que comprar y vender.

En lugar de intentar superar a un índice seleccionando constantemente inversiones, la gestión pasiva intenta reproducir su evolución.

Eso tiene varias características que explican por qué los fondos indexados se han hecho tan conocidos entre los inversores a largo plazo:

  • pueden ser sencillos de entender y mantener;
  • dependiendo del índice, una sola inversión puede dar acceso a muchos activos diferentes;
  • y sus costes suelen ser reducidos en comparación con muchos fondos gestionados activamente.

Pero ninguna de esas características convierte automáticamente un fondo indexado en una buena inversión para todo el mundo.

Y, sobre todo:

«indexado» no significa «seguro».

Un fondo indexado que invierta principalmente en renta variable puede sufrir caídas importantes cuando caen los mercados. Otro fondo con una composición diferente puede tener un comportamiento mucho más moderado.

Por eso existen carteras más conservadoras y otras más agresivas. No todo el mundo tiene que asumir el mismo riesgo para invertir.

Tampoco deberías fijarte únicamente en que un fondo sea indexado. Sigue siendo importante entender en qué invierte, qué riesgo tiene y qué costes soporta.

Si tu preocupación es precisamente «¿qué pasa si empiezo y justo después cae la bolsa?», lo explico con más detalle en Empezar a invertir: cuándo hacerlo y cuánto necesitas saber.

Fuentes oficiales: CNMV — Glosario financiero · CNMV — Comisiones de los fondos de inversión.

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¿Tener varios fondos significa estar más diversificado?

No necesariamente.

Lo importante no es únicamente cuántos fondos tienes, sino qué hay dentro de ellos.

Imagina que tienes tres fondos diferentes, pero los tres invierten principalmente en las mismas grandes empresas. Aunque veas tres nombres distintos en tu cuenta, buena parte de tu dinero puede estar invertido prácticamente en los mismos sitios.

Ahora imagina que tienes un único fondo que invierte en cientos o incluso miles de activos diferentes.

¿Cuál de los dos está más diversificado?

No podemos saberlo simplemente contando el número de fondos.

Por eso conviene distinguir dos cosas:

tener más fondos ≠ tener necesariamente más inversiones diferentes.

Incluso puedes añadir fondos pensando que estás diversificando y descubrir que muchos de ellos invierten en activos muy parecidos.

La diversificación consiste precisamente en no concentrar todo el riesgo en las mismas inversiones, no en acumular productos simplemente para tener más.

Si quieres recordar qué significa exactamente diversificar, puedes consultarlo en Conceptos básicos de inversión.

Fuente oficial: CNMV — Fondos de inversión.

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¿Necesito elegir entre renta fija y renta variable?

No necesariamente. Una cartera puede combinar las dos.

Estas son dos expresiones que al principio parecen mucho más complicadas de lo que realmente necesitas saber.

Simplificando mucho:

Renta variable → principalmente acciones. Su valor puede subir y bajar y no sabes de antemano qué rentabilidad obtendrás.

Renta fija → principalmente deuda de Estados o empresas. Básicamente, les prestas dinero bajo unas condiciones determinadas. Y atención: renta fija no significa que su valor no pueda bajar ni que no tenga riesgo.

Una cartera puede combinar ambos tipos de activos.

Por eso, cuando empieces a mirar fondos, carteras o roboadvisors, encontrarás expresiones como 80/20, 60/40 o 40/60.

Normalmente se utilizan para indicar qué porcentaje de la cartera corresponde a cada tipo de activo.

Por ejemplo, si hablamos de 80 % de renta variable y 20 % de renta fija, podemos abreviarlo como una cartera 80/20. Una cartera con 60 % de renta variable y 40 % de renta fija sería una 60/40.

Conviene comprobar siempre qué significa cada número, porque quien muestra los datos debe indicar qué porcentaje corresponde a cada tipo de activo. En este blog, cuando utilice expresiones como 80/20, intentaré dejar claro qué parte corresponde a renta variable y cuál a renta fija.

¿Y para qué se combinan?

Entre otras cosas, porque permiten construir carteras con niveles de riesgo diferentes.

De forma muy simplificada, una cartera con mayor peso de renta variable puede tener mayores subidas y bajadas que otra con un peso menor. Por eso encontrarás expresiones como perfiles conservadores, intermedios o agresivos.

Eso no significa que una cartera agresiva sea «mejor» ni que una conservadora sea «peor». Son formas diferentes de asumir riesgo.

Y esta idea es importante cuando estás empezando: invertir no significa necesariamente poner todo tu dinero en renta variable ni asumir el máximo riesgo posible.

Si quieres profundizar en conceptos como renta fija y renta variable, puedes consultar Conceptos básicos de inversión.

Y si tu duda es cuánto riesgo puedes asumir o qué ocurre cuando una inversión cae, tienes las preguntas específicas en Antes de invertir: ahorros, cuánto invertir y riesgo.

Fuentes oficiales: CNMV — Fondos de inversión · CNMV — Glosario financiero: renta fija y renta variable · CNMV — Vocación inversora de los fondos.

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¿Tengo que gestionar yo mismo mis inversiones?

No necesariamente. Puedes gestionar tus inversiones por tu cuenta o puedes delegar parte de ese trabajo en un servicio de gestión.

Cuando hablamos de gestionar una cartera estamos hablando de varias decisiones que quizá hasta ahora no te habías planteado.

Por ejemplo:

  • qué fondos u otras inversiones forman parte de la cartera;
  • qué parte del dinero se destina a cada una;
  • cuándo hacer determinados ajustes;
  • cómo mantener la distribución de la cartera con el paso del tiempo;
  • y realizar las operaciones necesarias para llevar esas decisiones a la práctica.

Si decides hacerlo por tu cuenta, esas decisiones dependerán de ti.

Pero invertir no significa obligatoriamente tener que encargarte personalmente de todas ellas.

También existen servicios de gestión de carteras en los que delegas decisiones de inversión en una entidad autorizada, dentro de las condiciones acordadas y teniendo en cuenta tus circunstancias y objetivos.

Por tanto, una de las primeras decisiones no es solamente «¿en qué invierto?», sino también:

«¿quiero gestionar yo mis inversiones o prefiero delegar esa gestión?»

Una de las formas que encontrarás para delegar buena parte de estas tareas son los roboadvisors: servicios que utilizan tecnología para automatizar buena parte del proceso de construcción y gestión de una cartera.

Si quieres entender qué hacen exactamente y qué decisiones continúan dependiendo de ti, puedes verlo en Cómo funciona un roboadvisor.

Fuente oficial: CNMV — Gestión de carteras.

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¿Tengo que elegir yo los fondos?

Depende de cómo hayas decidido gestionar tus inversiones.

Si construyes y gestionas tu propia cartera, tendrás que decidir qué fondos u otros productos quieres utilizar.

Eso significa investigar las distintas opciones y entender, al menos, aspectos básicos como en qué invierte cada fondo, qué riesgo tiene, cuáles son sus costes y qué papel quieres que tenga dentro de tu cartera.

Pero existe otra posibilidad: delegar la gestión.

En un servicio de gestión de carteras, la selección de los productos puede formar parte precisamente de las decisiones que delegas en la entidad.

Eso no significa que dejes de tener que entender qué estás contratando ni que todos los servicios funcionen igual. Significa que no tienes por qué seleccionar personalmente uno por uno todos los fondos que forman la cartera.

Un ejemplo sencillo:

Puedes decidir preparar tú mismo una ruta, elegir las carreteras y conducir el coche. O puedes contratar un servicio que se encargue de parte de esas decisiones.

En ambos casos quieres llegar a un destino, pero el trabajo que haces tú no es el mismo.

Eso es precisamente una de las diferencias importantes cuando utilizas un servicio de gestión como un roboadvisor: no eres tú quien tiene que buscar y seleccionar personalmente cada uno de los fondos de la cartera.

El servicio realiza esa gestión dentro de las condiciones establecidas y del perfil que corresponda al inversor.

Si quieres ver cómo funciona este proceso paso a paso, lo explico en Cómo funciona un roboadvisor.

Fuente oficial: CNMV — Asesoramiento de inversiones y gestión de carteras: evaluación de la idoneidad.

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¿Tengo que decidir cuánto invertir en cada fondo?

Si gestionas tú mismo la cartera, tendrás que decidir cómo repartir el dinero entre las distintas inversiones que hayas elegido.

No basta necesariamente con decidir qué fondos quieres tener. También importa cuánto representa cada uno dentro del conjunto.

Imagina una cartera formada por dos inversiones.

No es lo mismo colocar el 90 % del dinero en una y el 10 % en otra que repartirlo al 50 %. Aunque los productos sean exactamente los mismos, la cartera resultante será diferente.

Lo mismo ocurre cuando combinas renta variable y renta fija.

En el bloque anterior hemos visto expresiones como 80/20 o 60/40. Esos porcentajes no aparecen por casualidad: indican cómo se distribuye el dinero entre diferentes tipos de activos.

Por tanto, si gestionas tú mismo tus inversiones, decidir la distribución de la cartera forma parte de la gestión.

Si delegas la gestión, en cambio, la composición de la cartera y las decisiones necesarias para administrarla pueden formar parte del servicio contratado, de acuerdo con el mandato y las características del inversor.

Eso tampoco significa que puedas olvidarte del riesgo que estás asumiendo. Cuando se presta un servicio de gestión de carteras, la entidad debe obtener información sobre cuestiones como tus conocimientos y experiencia, tu situación financiera y tus objetivos de inversión para evaluar la idoneidad del servicio.

En un roboadvisor, precisamente, una de las primeras partes del proceso suele consistir en determinar un perfil y asignar una cartera con una determinada distribución de activos. No tienes que decidir personalmente cuánto dinero colocar en cada uno de los fondos que la forman.

Eso no elimina tu responsabilidad de entender qué estás contratando y qué nivel de riesgo tiene la cartera que utilizas.

Si quieres ver cómo se realiza este proceso, puedes continuar en Cómo funciona un roboadvisor.

Fuente oficial: CNMV — Evaluación de la idoneidad.

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¿Tengo que rebalancear mi cartera?

Si gestionas tú mismo una cartera con una distribución determinada, mantener esa distribución también puede formar parte de la gestión.

¿Por qué?

Porque las distintas inversiones no evolucionan exactamente igual.

Imagina una cartera que empieza con:

60 % de renta variable
40 % de renta fija

Con el paso del tiempo una parte puede subir más que la otra y la distribución podría convertirse, por ejemplo, en:

70 % de renta variable
30 % de renta fija

Aunque tú no hayas cambiado nada voluntariamente, tu cartera ya no tiene la misma distribución con la que empezó.

Rebalancear consiste, de forma simplificada, en realizar ajustes para volver a la distribución que corresponda.

Si gestionas tu cartera por tu cuenta, tendrás que decidir cómo y cuándo realizar esos ajustes según la estrategia que estés siguiendo.

Si utilizas un servicio de gestión de carteras, ese seguimiento y las decisiones necesarias para administrar la composición de la cartera pueden formar parte de la gestión delegada.

Y aquí aparece otra de las tareas que puede asumir un roboadvisor: controlar la composición de la cartera y realizar los ajustes previstos por su metodología cuando sea necesario.

Es decir, si delegas la gestión, no tienes por qué estar calculando personalmente si la cartera continúa teniendo la distribución prevista ni realizando tú mismo cada operación necesaria para ajustarla.

Esta es precisamente parte de la gestión por la que estos servicios pueden cobrar una comisión de gestión. Antes de contratar uno conviene conocer qué tareas incluye el servicio y cuáles son sus costes.

No necesitas convertir el rebalanceo en algo que tengas que mirar cada día. Lo importante aquí es simplemente entender que una cartera puede necesitar ajustes con el paso del tiempo y alguien tendrá que encargarse de ellos: tú o el servicio en el que hayas delegado la gestión.

Si quieres recordar exactamente qué significa rebalancear, puedes consultarlo en Conceptos básicos de inversión.

Y si quieres ver cómo puede realizarse esta tarea automáticamente dentro de una cartera gestionada, lo explico en Cómo funciona un roboadvisor.

Fuentes oficiales: CNMV — Seguimiento de las inversiones y posibles ajustes de la cartera · CNMV — Gestión de carteras.

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¿Puedo gestionar mis inversiones por mi cuenta?

Sí. No necesitas contratar obligatoriamente a alguien para gestionar tus inversiones.

Puedes construir y mantener tu propia cartera si prefieres hacerlo tú mismo.

Pero conviene entender qué implica.

Tendrás que tomar decisiones como qué productos utilizar, cómo repartir el dinero, qué riesgo quieres asumir y cómo hacer el seguimiento de la cartera.

Eso no significa que tengas que convertirte en experto, estar mirando la bolsa cada día o realizar operaciones constantemente.

De hecho, como vimos en Empezar a invertir: cuándo hacerlo y cuánto necesitas saber, invertir no implica necesariamente seguir continuamente las noticias económicas o intentar adivinar qué hará el mercado mañana.

Pero gestionar tú mismo una cartera sí significa aceptar una cosa:

las decisiones finales sobre esa cartera son tuyas.

Para algunas personas eso puede ser precisamente lo que buscan: quieren investigar, elegir y mantener sus propias inversiones.

Otras personas pueden preferir dedicar menos tiempo a esas tareas y delegar la gestión.

Ninguna de las dos posibilidades convierte automáticamente una forma de invertir en mejor que la otra. Lo que cambia es quién realiza el trabajo y toma las decisiones de gestión.

Si prefieres delegarlo, un roboadvisor es una de las posibilidades que encontrarás. En ese caso, parte del servicio consiste precisamente en que no tengas que realizar personalmente todas las tareas de selección, distribución, seguimiento y gestión de la cartera.

Eso tiene un coste: los servicios de gestión pueden cobrar una comisión por realizar esa gestión. Por eso, al compararlos, conviene mirar no solamente cuánto cuestan, sino también qué trabajo están haciendo por ti a cambio de ese coste.

Si quieres entender qué tareas puede asumir un roboadvisor y cuáles continúan dependiendo de ti, puedes verlo en Cómo funciona un roboadvisor.

Fuente oficial: CNMV — Gestión de carteras.

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¿Qué pasa si no quiero estar pendiente de mis inversiones?

No querer estar pendiente continuamente de tus inversiones no significa que no puedas invertir.

Una cosa es invertir y otra muy distinta pensar que tienes que mirar todos los días cuánto ha subido o bajado tu cartera.

Puedes construir y gestionar tú mismo una cartera sin estar realizando operaciones constantemente. Y también puedes delegar su gestión en una entidad que se encargue de tomar determinadas decisiones de inversión.

Pero hay una diferencia importante entre no estar pendiente todos los días y olvidarte completamente de tus inversiones.

Tus circunstancias pueden cambiar.

Por ejemplo, puede cambiar el momento en el que necesitarás el dinero, tu situación económica o el riesgo que estás dispuesto a asumir.

Por eso, aunque delegues la gestión, sigue teniendo sentido revisar periódicamente que la inversión continúa encajando con tus circunstancias y objetivos.

Lo que sí puedes delegar son muchas de las tareas que, si gestionaras tú mismo la cartera, tendrías que realizar personalmente.

Por ejemplo, dependiendo del servicio contratado, la selección de las inversiones, la distribución de la cartera, determinadas operaciones y su gestión posterior pueden quedar en manos del gestor.

Los roboadvisors son una de las formas de automatizar buena parte de este trabajo. Eso permite separar dos cosas que a veces confundimos:

seguir siendo responsable de tus objetivos y de entender dónde estás invirtiendo no significa tener que gestionar personalmente cada fondo y cada operación.

Por tanto, la idea no tiene que ser:

«si invierto tendré que vivir pendiente de la bolsa».

Puede ser mucho más sencilla:

«quiero invertir sin tener que ocuparme continuamente de gestionar la cartera».

Si esa es precisamente tu preocupación, en Cómo funciona un roboadvisor puedes ver qué tareas puede realizar automáticamente y cuáles siguen dependiendo de ti.

Fuentes oficiales: CNMV — Gestión de carteras · CNMV — Evaluación de la idoneidad.

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¿Puedo invertir sin tener que elegir y gestionar yo las inversiones?

Sí.

Puedes delegar la gestión de una cartera en una entidad autorizada para prestar ese servicio.

En ese caso, no eres tú quien tiene que decidir personalmente cada fondo, cada porcentaje o cada operación.

Cuando contratas un servicio de gestión de carteras estás delegando decisiones importantes: la selección de productos, la toma de decisiones de inversión y la ejecución de operaciones.

Eso no significa entregar el dinero y olvidarte de todo.

La entidad debe conocer determinadas características tuyas antes de prestar el servicio. Para ello se realiza una evaluación de idoneidad en la que se tienen en cuenta cuestiones como tus conocimientos y experiencia, tus objetivos de inversión y tu situación financiera.

A partir de ahí, la gestión se realiza dentro de las condiciones del servicio contratado.

Una de las formas que puedes encontrar para delegar buena parte de esa gestión son los llamados roboadvisors.

El nombre puede sonar bastante más complicado de lo que realmente es.

De forma sencilla, un roboadvisor utiliza tecnología para automatizar buena parte del proceso de inversión y gestión de una cartera.

Dependiendo de cómo funcione el servicio, puede encargarse de tareas como seleccionar los fondos que forman la cartera, distribuir el dinero entre ellos, mantener una cartera diversificada, realizar determinadas operaciones y reajustar la cartera cuando corresponda.

Y aquí aparece una idea importante: la comisión de gestión no es simplemente un coste que aparece porque sí. Estás pagando por un servicio en el que una entidad realiza tareas de gestión que, si invirtieras completamente por tu cuenta, tendrías que realizar tú.

Eso no significa que cualquier comisión esté justificada ni que todos los roboadvisors hagan exactamente lo mismo. Antes de contratar uno conviene comprobar qué servicio presta realmente y cuánto cuesta.

Pero sí permite entender mejor la diferencia entre las dos opciones:

Gestionarlo tú → tú eliges, distribuyes, haces el seguimiento y realizas los ajustes.

Delegar la gestión → pagas para que parte de ese trabajo lo realice el servicio contratado.

Y a partir de aquí ya estamos exactamente en la siguiente pregunta:

¿qué hace realmente un roboadvisor con mi dinero?

Eso es precisamente lo que explico paso a paso en:

Cómo funciona un roboadvisor.

Fuentes oficiales: CNMV — Gestión de carteras · CNMV — Evaluación de la idoneidad.

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